Cuando preguntas a cualquier persona, qué tipo de aceite utiliza en casa, todos responden: "aceite de oliva virgen extra". Es un símbolo de estatus culinario doméstico.
Pero bien es cierto que si nos fijamos en las etiquetas de las botellas que tenemos en la cocina, suele ser “aceite de oliva refinado o aceite puro de oliva”. Es una prueba fácil y que a casi todo el mundo sorprende.
Los distintos tipos de aceite, de mayor a menor calidad son:
REFINADO: Extraído con presión en caliente. Su acidez no llega a 0,2º. Contiene pocas vitaminas y fitoesteroles.
ACEITE PURO DE OLIVA: El más común en el mercado. Una mezcla de los dos anteriores.
ACEITE DE ORUJO DE OLIVA: El de peor calidad. Debe ser refinado para que su acidez no supere los 0,3º.
ACEITE PURO DE OLIVA: El más común en el mercado. Una mezcla de los dos anteriores.
ACEITE DE ORUJO DE OLIVA: El de peor calidad. Debe ser refinado para que su acidez no supere los 0,3º.
En ciertos productos, creo que no hay que escatimar, y el aceite de oliva es uno de ellos. Los grandes supermercados ofertan aceite de oliva de muy buena calidad. Y utilizan ese reclamo para atraer clientes hacia otros productos. Pero, (siempre hay un pero), esos precios tan atractivos se consiguen bajando el precio que pagan a los productores, que tienen que aceptarlos porque les han comprado la cosecha entera.
Actualmente hay empresas pequeñas y medianas, que embotellan y venden directamente sus aceites del año. Eliminando los intermediarios (que no aportan beneficios al producto) y saliéndose del círculo vicioso de envasar para grandes superficies.
Os recomiendo que visitéis la página de Aceite de las Valdesas, una finca de Puente Genil, que comercializa un aceite excelente, monovarietal. Ah y muy importante, tienen tienda on-line. .

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